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Català

viernes, 28 de octubre de 2011

5. Desde la prisión

   A medida que avanzaban las tropas nacionales, iba aumentando el número de prisioneros de guerra y de civiles encarcelados por no ser “afectos al Movimiento”. Los prisioneros de guerra eran recluidos en campos de concentración donde permanecían mientras se les clasificaba. Según las imputaciones, eran encarcelados en prisiones o enviados a los llamados “Batallones de Trabajadores” o similares. Solo podían volver a sus casas los que no estando en edad militar, demostraran (generalmente por medio de avales) que eran “Afectos al Glorioso Movimiento Nacional”.  Por los numerosísimos campos de concentración de la España Nacional, llegaron a pasar unas 450.000 personas. En enero de 1940, nueve meses después del final de la guerra, aún quedaban más de 250.000 retenidas en centros penitenciarios, Batallones de Trabajadores o campos de concentración.

   La enorme población reclusa se comunicaba con su familia básicamente por correo postal. En la zona nacional se solían utilizar tarjetas patrióticas que con mucha frecuencia eran las únicas disponibles. Cuando no se disponía de ellas, se escribían los vivas y lemas de rigor (“Viva el Generalísimo Franco”, ”Año de la Victoria”, etc.) para mostrar afección al nuevo régimen o por obligación, aunque a veces eran añadidos por los censores.

Remitentes en las cárceles de Bilbao, Tarragona, Astorga y en Batallones de Trabajadores.

   Los penados con más habilidades artísticas, solían enviar algun dibujo a sus familias. Los tres que siguen, muestran la importancia de la correspondencia en esas circunstancias extremas. Como dice Verónica Sierra Blas en “Cartas de soldados desde el frente” (Cultura Escrita y Sociedad, nº 4) “La carta constituye la práctica por excelencia para dejar constancia y superar esos momentos difíciles, para mantener el hilo de unión con los demás y salvaguardar la identidad propia”
El dibujo de la golondrina está enviado desde la cárcel de "El Coto" (Gijón). Los de abajo, desde el campo disciplinario
de Belchite. Todos son de 1940.

Tarjeta bordada, enviada en 1942 por una madre a su hija desde la cárcel de mujeres de Durango

Siendo prisionero en la cárcel de Porlier, el dibujante José Manaut realizó
centenares de apuntes. En muchos de ellos aparece la lectura/escritura
de correspondencia. Este es de 1943.



   Los textos, muy limitados por la censura, solían hablar de frío, comida, salud, avales, y las incidencias de la correspondencia. Y se repetían las fórmulas aprendidas en el adoctrinamiento impuesto por el vencedor, como por ejemplo el “amanecer de España” o “construir la nueva España”.. Un tema fundamental era la necesidad de conseguir avales que les permitieran obtener la libertad o evitar el fusilamiento.


Familias de presos se instalaban alrededor de los centros de reclusión, especialmente en algunos Batallones de
Trabajadores, para estar cerca del hijo, padre o hermano. Con frecuencia hacían trabajos de limpieza o cocina para
los reclusos y así podían comer. En esta tarjeta, el recluso explica que hubo que evacuar a esas familias
por “escasez de víveres”





Los recién llegados al Campo de Concentración necesitaban comunicar con la familia, pero no solían tener
dinero para comprar tarjetas, sellos, etc. En este caso (Vitoria) una Caja de Ahorros les obsequia con tarjetas
(patrióticas, por supuesto) y en el dorso de las mismas hace gala de ello. Una de las primeras peticiones que
hace el interno a la familia, es que busquen  a "alguien que pueda hacerme un aval de mi actuación de antes
y después del 19 de julio".
 

   
Los presos solían recibir paquetes de sus familias con lo que más escaseaba en la cárcel. Este preso
aprovechaba sus habilidades artísticas para realizar encargos de las autoridades de la prisión, por los que
recibía algunos “céntimos” y con  ellos podía comprar pan, sellos, etc
  


 

Desde una prisión de Bilbao, el preso escribe a su familia, en abril del 1939, explicando su situación,
parodiando el estilo telegráfico. Transmite un cierto humor amargo mientras se ve obligado a escribir
"Año de la Victoria" y los vítores de rigor.


   A veces los textos de las cartas eran más dramáticos. El que se muestra a continuación (1940), es de un prisionero para quien el fiscal ha pedido la pena de muerte. Va dirigida a su padrino y, tras darle su versión de los hechos que se le imputan, le pide que hable urgentemente con los denunciantes, pero comete la imprudencia de acusar  a los denunciantes, los nuevos “afectos al Caudillo” de su pueblo, de actuar “como los rojos”.




   Esos años, fueron tiempos de denuncias, venganzas, imploraciones de clemencia. A continuación vemos fragmentos de una carta (1940) de un condenado a 12 años, desde un Campo de Trabajo Disciplinario.












En esta tarjeta escrita por un falangista
desde una cárcel republicana, se aprecia
la angustia por no saber la verdad de lo que
le estará ocurriendo a la familia. Pide que
en la contestación firmen todos sus miembros


















  Algunos centros penitenciarios editaban sus propias tarjetas postales para uso de los prisioneros. Aquí vemos dos ejemplos.
En 1940, la Prisión Central de Astorga editó esta postal (a la izquierda) para la celebración de Nuestra Señora de la Merced.
En esa fecha se solía autorizar la visita de los hijos. La tarjeta muestra el programa de actos (misa, rosario, concierto, etc)
entre los que figura una actuación teatral de los presos con el título “Virgen de la Merced, yo soy un cautivo”.

 
En este fragmento de tarjeta desde la cárcel de Burgos, se lee la interesante reflexión de un preso sobre la fiesta
de la Virgen de la Merced en las cárceles.



Las denuncias formaban parte del terror y miseria ambientales En esta carta de 1938, un vecino de un
pequeño pueblo gallego, da el nombre de otro vecino que dijo que “Franco no valia nada ni tampoco tres
 perras chicas que son 15 céntimos” y el de los que lo escucharon sin protestar. Algunos de los denunciados
 se exiliaron a Méjico.







Este sobre está escrito en 1947, ocho años después de acabada la guerra. Pero aun está enviado sin cerrar, censura militar, remitente en prisión, eslogan entusiasta, etc.   Por entonces, aún no se había levantado oficialmente el estado de guerra.





   Durante 1939, unas 650.000 personas abandonaron España por la frontera francesa. En Francia fueron internados, en su mayoría, en campos de refugiados. Buena parte de ellos regresaron a España antes de finalizar 1940, pero muchos emigraron a Latinoamérica y muchos otros se quedaron en Francia. Tras la invasión alemana, las tropas de Hitler hicieron prisioneros, en Francia, alrededor de 40.000 españoles de los que unos 14.000 acabaron en campos de concentración o exterminio.

Campo de internamiento de Bram (Francia). Foto de Antonio Agulló


La primera tarjeta está enviada en 1940 por un refugiado español en Francia, que acababa de
ser hecho prisionero por los alemanes. Al texto, preimpreso y en francés, que le acreditaba como
prisionero de guerra que gozaba de "buena salud”, sólo se le podía añadir el nombre y la firma.
Abajo de esta tarjeta, el anverso y reverso de otra tarjeta enviada en 1944 por el mismo prisionero
desde el campo de Mauthausen a donde fue  trasladado.  En las instrucciones impresas se lee (en
castellano) que está “autorizado escribir una vez cada seis semanas” y sólo “veinticinco palabras”.


Capítulo siguiente: Ya no recibiré más tus besos.
No olvidar que el índice permite acceder directamente a cualquiera de los once capítulos que siguen a este o a los cuatro que le preceden.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

genial el blog!

Anónimo dijo...

los dibujos des de "El coto" son una maravilla.
gracias x compartir.

Anónimo dijo...


TENGO UNA CARTA DE MI ABUELO ESCRITA DESDE LA CARCEL ANTES DE SER FUSILADO.AÑO 1941

Jaa dijo...

Hola, soy Javier Muñoz Soro, me ha interesado mucho tu blog porque estoy investigando el tema de la censura militar. Me gustaría ponerme en contacto contigo, mi mail es jmsoro@cps.ucm.es.

un saludo
Javier

Ana larraz gale dijo...

Y que me dices de los presos de los republicanos?. Mi abuelo estuvo preso en lerida hasta que lo mataron, ¿puede ser que mandara alguna carta desde alli? ¿funcionaba en 1937 el servicio de la cruz roja?

Ana Larraz Galé dijo...

Acabo de publicar mi libro "la Fotografía. Historia de un soldado". Esta basada en las 142 cartas que mi abuelo le escribió a mi abuela desde el frente, mas concretamente desde Quinto. En el libro se puede ver, como de importante eran las cartas y la correspondencia para los soldados. Os dejo el enlace en donde se puede conseguir el libro por si alguien está interesado .https://goo.gl/yZHWLC